martes, 4 de diciembre de 2007

"El Arte Vanguardista".

"El Arte Vanguardista".


“SURREALISMO: sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.”
(Manifiesto Surrealista, 1924)


Abstract.

Este ensayo pretende demostrar que las vanguardias especialmente el surrealismo, nacen de la experiencia estética para demostrar el malestar social y los esbozos finales de la modernidad a partir de la primera mitad del siglo XX. Este movimiento pretendía cambiar el mundo a través de su experiencia psicoanalítica y romper con los cánones antes establecidos. Demostrando con sus exposiciones y su retórica que un mundo nuevo era posible, se podría decir también que la experiencia surrealista es la bisagra de la modernidad y post modernidad, un hito que marca esta experiencia es la intervención de Duchamp en una exposición de un museo exponiendo un urinario. Con esta intervención de Duchamp nos demuestra el quiebre entre dos periodos, dos experiencias netamente distinta, por una parte la vieja modernidad conservadora, progresista, ordenada, crítica y liberal y por el otro lado esta las nueva post-modernidad, como diría Lyotard es el fin de las ideologías y de los meta-relatos construidos por la modernidad.

Las vanguardias aparecen con mayor fuerza en la primera mitad del siglo XX. Aunque poseían distintas propuestas estéticas y utilizaban diferentes estilos y técnicas, todas tienen en común una profunda preocupación por el devenir social. Se puede decir que formaron en su conjunto, la contraparte cultural de los movimientos revolucionarios, no sólo buscaban romper con lo anterior en el plano artístico, sino que también apuntaban a una transformación más o menos radical de la sociedad. Como primer paso, las vanguardias pretendían una renovación de las bases estéticas de la cultura burguesa que se venía desarrollando junto a la formación de una sociedad de clases. Rechazaban las viejas formas del arte aunque la recepción del público fuese negativa. Sobre todo se cultivaba una nueva búsqueda inspiradora en los intersticios de la razón, como una crítica radical del individualismo burgués y la reproducción de sus gustos. Los intentos de chocar con las reglas convencionales cobraban sentido en tanto se lograra escandalizar a la burguesía.
Un problema central del vanguardismo fue el del público receptor: en general, las masas no entendían el nuevo arte, y la elite no lo aceptaba con buenos ojos. Por ello, finalmente el arte de vanguardia termina circunscribiéndose a pequeños círculos herméticos; sin pretensiones de llegar a las masas se dirigió a una audiencia selecta.
Este comportamiento progresivo se caracterizó porque el gusto por mirar y por vivir se vinculaba en la íntima e inmediatamente con la actitud del que opina como perito. Esta vinculación es un indicio social importante. A saber, cuanto más disminuye la importancia social de un arte, tanto más se disocian en el público la actitud crítica. De lo convencional se disfruta sin criticarlo, y se critica con aversión lo verdaderamente nuevo. Era precisamente el convencionalismo lo que pretendían derribar los movimientos de vanguardia, he ahí el conflicto entre creatividad (entendida como ruptura) y tradición (en el sentido de continuidad). La noción de transformación vanguardista variaba bastante, desde un compromiso político fuerte y directo, a un intento de liberar sólo la conciencia y el espíritu de cada individuo.
En el período de entreguerras europeo los movimientos artísticos imitaban en su organización a los partidos políticos y sindicatos. Futurismo, Ultraísmo, Creacionismo, Dadaísmo y Surrealismo compartían el espíritu rebelde y la pasión por la libertad, conjuntamente a un rechazo generalizado del capitalismo. Así lo entendía Breton cuando formaba el movimiento surrealista, estableciendo como condición la afiliación política con el partido comunista. Sin embargo, no todos se planteaban una transformación social tan literal y colectiva. Conforme avanzaba el siglo XX, algunos artistas de la vanguardia se interesaron por el psicoanálisis. Siguiendo a André Breton, los surrealistas buscaban la libertad personal y cultural mediante la liberación del inconsciente en el arte.
En este contexto se explica el desarrollo del surrealismo como una nueva propuesta de desafío a la razón instrumental, al convencionalismo moral y al arte por el arte.
En el Manifiesto Surrealista, Breton describía por qué el surrealismo orientaba su búsqueda hacia los sueños:
“Tanta fe se tiene en la vida, en la vida en su aspecto más precario, en la vida real, naturalmente, que la fe acaba por desaparecer. El hombre, soñador sin remedio, al sentirse de día en día más descontento de su sino, examina con dolor los objetos que le han enseñado a utilizar, y que ha obtenido al través de su indiferencia o de su interés…” (Breton, 1924).

La imaginación se transformaba lentamente en la nueva fuente de inspiración, con lo cual, los surrealistas interpelaban a la sin-razón como una manera de transgredir la supremacía de la razón:
“Queda la locura, la locura que solemos recluir (…) Todos sabemos que los locos son internados en méritos de un reducido número de actos jurídicamente reprobables, y que, en la ausencia de estos actos, su libertad (la parte visible de su libertad) no sería puesta en tela de juicio. Estoy plenamente dispuesto a reconocer que los locos son, en cierta medida, víctimas de su imaginación, en el sentido que ésta les induce a quebrantar ciertas reglas…” (Breton, 1924).

Esta defensa de la locura tiene su fundamento en un cuestionamiento del racionalismo lógico, el utilitarismo y el sentido común, que para los surrealistas eran el sustento de la idea de progreso. Precisamente la imaginación era la llave que permitiría abrir las puertas del espíritu, dejando libres las extrañas fuerzas que se ocultaban en la mente. Esas fuerzas extrañas –como las calificaba Breton- habían sido definidas por Freud como imágenes oníricas que desaparecían en el estado de vigilia. Así, Breton señalaba:
“Creo en la futura armonización de estos dos estados, aparentemente tan contradictorios, que son el sueño y la realidad, en una especie de realidad absoluta, en una sobrerrealidad o surrealidad, si así se le puede llamar” (Breton, 1924).

En vista de esta premisa, el sueño debía transformarse en objeto de examen metódico por parte del artista, puesto que del desciframiento de su significado se extraían nuevas fuentes de inspiración. Se subentiende que el artista ya no se sitúa en la realidad conciente, sino que intenta penetrar en los laberintos metafóricos de lo inconsciente. En la teoría psicoanalítica el inconsciente permanece inalcanzable para el hombre, es la estructura de donde surge el lenguaje, por tanto, un lugar misterioso en donde se ocultan los deseos reprimidos y los miedos.

Walter Benjamín sentencia que “Por el momento los surrealistas son los únicos que han comprendido sus órdenes actuales. Uno por uno dan su mímica a cambio del horario de un despertador que a cada minuto anuncia sesenta segundos”. (Benjamín, 1980)

Pero todo queda en el aire tras la invasión alemana a Francia. Según señala Montecinos citando a Tristán Tzara, convertido en militante comunista y veterano de la resistencia, se pregunta…
“¿Dónde está el surrealismo en la actualidad y cómo puede justificarse a sí mismo históricamente cuando sabemos que durante la ocupación estuvo ausente de esta guerra? La mera voz del surrealismo capaz de aparecer libremente durante la guerra con una revista lujosa publicada en Nueva York ocupándose de juegos surrealistas inofensivos antes que de la Europa invadida por los nazis, no dicen ni representan nada… La historia pasó por alto el surrealismo, termina sentenciando Tzara”. (Montesinos, Fecha no sale).

Finalmente podemos concluir, que el proyecto surrealista en una primera etapa alcanzó a representar el quiebre y ese malestar social, el cual se sentía en las calles de la Europa entre guerras, pero luego durante la segunda guerra mundial, la invasión nazi a Francia, este movimiento comienza a desvanecerse y sus militantes ya no confiaban que este movimiento podría cambiar al mundo, como alguna vez lo pensaron en sus inicios.
Como señala Montecinos “Breton se encuentra disconforme en la forma en que el surrealismo se altera cada vez más para explicar cualquier obra que aparezca rara o extraña” (ídem). Además agrega:
“Pero ya Breton, después de la guerra, disuelve la relación con casi todos sus amigos del comienzo. Muestra poco interés por la política o la psicología y su último intento por reconciliar el sueño con la realidad yace en la magia del arte. Muere el año 1966” (ídem)

Con la muerte de Breton y el asesinato de Trotsky el movimiento surrealista pierde la fuerza de antaño, se ve su zumbido en una crisis ideológica y el movimiento radical que quería cambiar el mundo apoderándose de la experiencia objetiva y subjetiva del ser humano, a través de manifestaciones radicales, participando en proyectos de vanguardia política como el comunismo y la revolución Rusa. Se dan cuenta de lo que cimentaron es el fin de las ideologías y de los meta relatos, convirtiéndose en la bisagra entre la modernidad y la post modernidad. Esa puede ser una de la razones porque el discurso surrealista lleno de contradicciones no pudo alcanzar su mayor objetivo, cambiar el mundo, pero sí demostraron que otra realidad era posible mediante la esfera estética rompiendo con el canon tradicional del “Bello Arte” para convertirlo en una experiencia en un aura, en el espíritu de la sociedad. Cuando Duchamp en 1917 en una exposición de arte en un museo expone un urinario rompe con todo canon establecido anteriormente, lo cotidianazo que podría significar un urinario lo coloca como una de sus piezas fundamentales en el montaje que realizó en el Museo, el museo durante la época moderna era considerado como el espacio del arte del deber ser, pero Duchamp al montar un inorado rompe con la antigua estética positivista lógica. Pero el movimiento surrealista perdurará en la esfera del arte en la expresiva por eso será reconocido en el mundo entero. Ya que sus intentos de querer cambiar al mundo se ven cada día más debilitado, con la entrada de una cultura de consumo en masa y producción en masa globalizada, el discurso de un mundo nuevo sólo era posible en el otro polo, los socialismos reales, pero cada enfrentamiento en la guerra fría paresia ganar la hegemonía norteamericana sobre la Unión Soviética, el vanguardismo se desbanca al caer el muro de Berlín y el arte pop, plástico, vacío se sobrepone ante las vanguardias llenas de un discurso de renovación para la raza humana.

No hay comentarios.: