El principio del fin.
“Del dicho al hecho, hay mucho trecho”.
Refrán popular
[…] los espíritus libres tienen una función que cumplir, la de derribar todas las barreras que se opongan a una “fusión de los hombres”: religiones, estados, instintos monárquicos, “ilusiones sobre la riqueza y la pobreza”, prejuicios de raza, […].
Friederich Nietzsche, Escritos póstumos.
Abstract.
La problemática de este ensayo se centra, que los modernos al llevar a la práctica su discurso moderno mediante la construcción del “Estado-Nación”, cimentaron la desolación de quienes le permitieron llegar al poder o sea el pueblo y la subjetivación del sujeto fue el principio del fin del discurso moderno y principalmente de la modernidad.
La modernidad se puede analizar desde tres esferas según Casullo, “una esfera cognitiva, donde reina la ciencia; Una esfera normativa, o sitio de la problemática éticas, morales y de sus aplicaciones políticas; Y por último la esfera expresiva, arte y estética” (Casullo, 2004). Esta cita sirve para comprender que la modernidad, es un discurso completo, que busca normar todas las áreas del entendimiento humano, la forma como se vive el día a día y la forma como se expresa el hombre moderno .
El hombre moderno en la primera fase, vive en una especie de limbo inconciente pero a la vez conciente, por una parte hay un discurso oficial que se encarga de moldear la mentalidad, crea o resalta el espíritu del pueblo, crea conceptos como la voluntad general, el bien común, la libertad, pero ese discurso de la modernización aún no se ve empíricamente. Es entonces en una segunda fase donde se lleva acabo las ideas de los filósofos gracias a la Revolución francesa, la cual marca el inicio de esta segunda fase, construyendo los “Estado-Nación”. Hobsbawm dice: “…En la Europa decimonónica, para la cual fue creada, la fase A era puramente cultural, literaria y folclórica, y no tenía ninguna implicación política… En la fase B encontramos un conjunto de precursores y militantes de “la idea nacional” y los comienzos de campañas políticas a favor de esta idea…” (Hobsbawm, 1991, p. 20). Esta idea de Hobsbawm nos permite pensar, que las naciones, en una primera fase, se esbozaron los primeros cimientos para crear el espíritu de la “nación”, a través de una perspectiva cultural. La segunda fase, se lleva acabo esta idea de “nación” a la práctica, durante la revolución francesa, el discurso de la modernización, ve uno de sus primeros logros, el “Estado-Nación”, la manera más racional de organizar a un grupo de personas. Pero ¿Por qué la Revolución francesa tiene tanta relevancia? y Hobsbawm responde; que gracias a la Revolución francesa “la ideología del mundo moderno penetró por primera vez en las antiguas civilizaciones, que hasta entonces habían resistidos las ideas europeas, a través de la influencia de la revolución francesa” (Hobsbawm, 1997, p.62). El mundo moderno ahora tiene un sistema político e ideológico heredado de la Revolución francesa y un sistema económico heredado de la Revolución industrial inglesa (Hobsbawm, 1997, p.61). Es en esta primera etapa de la segunda fase donde se crea la esfera normativa del mundo moderno, el “Estado-Nación” fundado en una constitución democrática Hobsbawm nos dice: que es “en este noble pero académico documento que ofrecía al pueblo el sufragio universal, el derecho de insurrección, trabajo, alimento y – lo más significativo de todo – la declaración final que el bien común era la finalidad del gobierno y de que los derechos del pueblo no serían meramente asequibles, sino operante” ( Hobsbawm, 1997, p.77)
No es hasta a mediados de la segunda fase, donde el hombre moderno se da cuanta que el discurso de la modernización pregonado por las autoridades del positivismo decimonónico no prometió lo que debía ser. Jules Michelet y Baudelaire post Revolución francesa, se dan cuenta de las paradojas de la modernidad, nos pudieron haber dicho ¡Hey mirad lo que construyeron los burgueses ilustrados! Un Estado-Nación en base al pueblo. Pero ¿Dónde está el pueblo? Michelet se da cuenta que el pueblo post Revolución habita en un estado de depresión y paupérrimas condiciones, en la ciudad. “Todo el peso de los trabajos rudos, toda la carga que en la antigüedad el esclavo sostenía solo, ha sido repartida hoy entre los hombres libres de las clases inferiores. Todos participan de las miserias, de las vulgaridades prosaicas y de las fealdades de la esclavitud (Michelet, 1846, p.149)”. Gracias a la constitución democrática los hombres y sobre todo el pueblo que conforman el estado serían libres. La esclavitud se abolió, en el sentido que los hombres no tienen derecho a participar en asuntos públicos y ahora tienen libertad, entendida en el sentido moderno de la libertad . Existe un Estado de derecho donde todos los hombres pueden participar para elegir a sus gobernantes. Y me pregunto ¿A estos hombres les quedaba tiempo para participar en los asuntos públicos?, por lo visto no mucho. Entonces la igualdad de derechos civiles, existía solo en teoría. Una de las tantas máximas que prometía el discurso moderno “el orden y el progreso”, “igualdad, fraternidad y libertad” parece que se desvanecía en el aire, pero más que nada el progreso antes del orden. Foucault en su obra “Vigilar y Castigar”, escribe sobre como en los “Estados-Nación” modernos, los burócratas crearon una ciencia punitiva que mantenía el orden. Se crearon instituciones, como las escuelas, sanatorios mentales, cárceles, para mantener el orden. Betham diseño un sistema carcelario denominado “panóptico” una especie de cárcel omnipresente que todo lo veía y todo lo sabía. Esos eran los avances de la modernidad, los “Estados-Nación” cada vez eran más modernos. Pero que pasaba con el pueblo, al parecer cada medida modernizadora tomada por el Estado deja al pueblo relegado a la muchedumbre. Michelet ya nos vaticina la caída de la esfera cognoscitiva, científica objetiva, diciendo que “el error del pueblo cuando se escribe, es el salirse siempre de su corazón, donde radica su fuerza, y tomar prestada a las clases superiores sus abstracciones y generalidades”(Michelet, 1846, p.150). Ya Michelet nos dice que para estudiar, el concepto de pueblo debe ser un estudio subjetivo, era un adelantado para la época del positivismo decimonónico. Leopold Von Ranke hubiera estado en completo desacuerdo con Michelet, y la forma de tratar de escribir historia, desde las fuentes secundarias, desde lo que siente el pueblo para poder historiar sobre el pueblo.
El discurso moderno comienza a debilitarse con la subjetivación del sujeto, pero no es, hasta que Baudelaire viera la crítica de la modernidad desde la esfera expresiva, se da cuenta que el arte es una manera para criticar lo inconcluso de la modernidad y los subjetivo que puede llegar hacer este discurso. Define a la modernidad desde una perspectiva del arte como “…lo transitorio, lo fugaz, lo contingente, es la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable” (Baudelaire, 1863). Habermas dice que “para Baudelaire se confundían en ese momento la experiencia estética con la experiencia histórica de la modernidad. Definiendo el arte moderno como el punto de intersección ente lo actual y lo eterno” (Habermas, 1991, p18). Es entonces que Baudelaire, esboza la crítica, la reflexión del mundo moderno, lo objetivo tiene un sesgo de subjetividad intrínseca, que solamente el artista como el Sr. G, pueden ver a través de sus ojos que han recorrido todo los suburbios de la ciudad moderna, esos suburbios infectados de personas representantes del pueblo según los economistas de la época que ubicaron al pueblo con la muchedumbre. Es en esos lugares en donde el discurso moderno pretendió llegar, pero solamente los destruyó, modernizándolos, explotándolos, el hombre se sumergió en esa época en una falsa conciencia como diría Weber, por el dogmatismo cientificista, y el paradigma capitalista, dejando a las clases inferiores esas que permitieron llegar al poder a los burgueses liberal al poder, esos que lucharon fervientemente en la Revolución francesa. Los burgueses dijeron que el alma de la nación, está en el pueblo. Y luego la destruyen, le dan la espalda, miran al pueblo por el hombro, desconociendo que gracias a lo que llaman pueblo pudieron formar su riqueza y los “Estado-Nación”.
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